De nuestros miembros: 📡 11 de Agosto 2026, Una de Cal y Una de Arena para la Industria de Telecomunicaciones en Panamá.


Invitamos a la membresía del Capítulo de Panamá de la Internet Society a leer con detenimiento el artículo de nuestro vocal, Simón Pérez Córdova, «11 de agosto de 2026, una de cal y una de arena para la industria de telecomunicaciones en Panamá», publicado en LinkedIn. En poco más de mil palabras, el autor documenta algo que rara vez ocurre con tanta nitidez: dos señales opuestas sobre el futuro digital del país emitidas el mismo día.

Por un lado, la licitación con la que el Estado buscaba incorporar un tercer operador móvil quedó desierta; ni una sola empresa presentó documentos de precalificación, pese a la disponibilidad de espectro para servicios de nueva generación. Por el otro, se confirmó que Panamá será punto de amarre de nuevos sistemas de cable submarino impulsados por Google, con enlaces hacia República Dominicana y Chile. Un mercado que no atrae competidores, y a la vez un territorio que sigue siendo indispensable en la arquitectura física de Internet en las Américas. Para quienes trabajamos por una Internet abierta, globalmente conectada, segura y confiable, este contraste no es una curiosidad periodística: es un diagnóstico.

La Estrategia 2030 de la Internet Society se organiza alrededor de dos metas: que las personas tengan acceso asequible, confiable y resiliente, y que su experiencia en línea sea segura y las proteja, y el artículo toca la primera de forma directa. Un mercado móvil sin retador es, en términos prácticos, un techo a la asequibilidad y un freno a la innovación; y la falta de postores sugiere que el problema no se resuelve solo ofreciendo espectro. Si se mira a través del Índice de Resiliencia de Internet, que mide infraestructura, rendimiento, seguridad y preparación del mercado, lo ocurrido el 11 de agosto muestra dos de esos pilares moviéndose en direcciones contrarias: ganamos capacidad internacional mientras la competencia doméstica se estanca.

Vale la pena, además, formular una pregunta que el artículo abre sin cerrar: ¿qué implica que la nueva capacidad la aporte una empresa de contenidos y nube, y no un consorcio de operadores? Más rutas físicas son buenas noticias para la resiliencia, pero diversidad de cables no equivale automáticamente a diversidad de actores, ni a que los beneficios lleguen al usuario final panameño en forma de mejores precios o mejor cobertura fuera del área metropolitana. Ese matiz, que es la diferencia entre ser un punto de tránsito y ser un país conectado, es precisamente el terreno donde un capítulo técnico y sin agenda comercial puede aportar evidencia y criterio. Leer este artículo es un buen punto de partida para las conversaciones que nos tocan como capítulo: cómo se diseñan incentivos regulatorios que sí atraigan inversión, cómo se aprovecha la nueva infraestructura para fortalecer el intercambio local de tráfico y los puntos de intercambio, qué papel juegan las redes comunitarias en las zonas que ningún operador comercial va a servir, y cómo llevamos datos verificables a la mesa cuando se revisen los términos de una segunda convocatoria. La invitación, entonces, es doble: lean el artículo, y tráigannos su lectura. Las decisiones sobre la infraestructura de Internet en Panamá se están tomando ahora, y el modelo multisectorial solo funciona si quienes entendemos la red participamos en él.

El artículo está disponible en LinkedIn.
 

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